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03/06/2011

¿Imposturas.net?


Un amigo  me comenta que acaban de haber otro ataque  informático a Sony y que fruto del mismo están circulando por la red los datos privados  y confidenciales de unos cuantos miles de usuarios de sus productos. ¿Que obsesión les ha pillado con la emblemática marca nipona a estos? (nunca podemos saber quiénes son realmente “estos”). Exclamamos casi al unísono los dos. La conversación deriva inevitablemente al  poder de internet, pasando  por  las revoluciones en el mundo árabe, wikileacks o  nuestras cada vez  más “folklóricas” #acampadas. Todos estos fenómenos de una forma  o de otra están vinculados a la  red. Todo pasa por la red.
Últimamente tengo por costumbre decir que este invento es uno  de los más importantes de la historia de la humanidad, como el descubrimiento del fuego, la invención de la rueda, la imprenta, la brújula o la televisión. Todos ellos produjeron un cambio de era. Hace  unos días le comentaba a mi amigo que tenía la sensación que ese invento se había escapado de las manos del “poder” y  que estaba convencido que si hubieran previsto todas sus consecuencias seria  uno de esos que quedan escondidas sus patentes al fondo  de una cámara acorazada a perpetuidad y que más tarde o más temprano algo  harían (los poderosos)  para intentar recuperar el control de la situación.

Uno no ha creído y no le han gustado nunca especialmente las  teorías conspiranoicas, pero  también tiene por  costumbre preguntarse quién sale ganando con esto o con lo otro. Uno  no cree que este mundo lo dirijan unos pocos personajes oscuros alrededor de una mesa, pero si cree en la conjunción de intereses de algunos con mucho poder capaces de influir y provocar situaciones determinadas en  momentos determinados.  Desde que Obama, un “outsider” del Partido Demócrata,  ganó contra todo pronóstico las primarias y las elecciones en  buena parte  gracias  a un muy eficiente  uso del marketing en la red, provocando que el mundo de la información, la intoxicación, el marketing y la propaganda y todo lo que representa volcara  dinero, cerebros y  enormes recursos de forma obsesiva en este medio, todo pasa por la  red, la guerra está en la red. China tiembla y se pone nerviosa con Google  y  llega al punto  de la  histeria  cuando otorgan el Novel de la Paz a un bloguero disidente (uno de entre  más de mil millones de chinos), la revolución  verde hace tambalear el poder de los ayatolas y  Mubarak  lo pierde, poco tiempo después de la visita “conciliadora” de Obama a el Cairo, gracias a la presión de jóvenes occidentalizados que tenían, al parecer,  como únicas armas los móviles e internet, extendiendo desde ese epicentro casi  con escuadra y cartabón las ansias de libertad por  todo el mundo árabe plasmándolas en el mapa  cual estrella de Mercedes Benz casi perfecta (al Norte Siria,  al Este Yemen y al Oeste Libia).

 Sin duda  hay por el mundo muchos poderes temerosos  de internet que no  dudaran en  generar sofisticadas estrategias para forzar tremendas limitaciones y regulaciones restrictivas al uso futuro de este medio  para el  común de los mortales que evite poner en  peligro su status y privilegios. Pero para eso en  pleno siglo XXI  hay que desprestigiar esta herramienta desde la herramienta. Necesitan provocar en la opinión pública con  la ayuda de incautos amplificadores  bien escogidos y creíbles, el rechazo a ese “descontrol” y  causar oportunas “víctimas inocentes”  para generar  potentes corrientes de opinión  que reclamen y legitimen desde la base esas restricciones. ¿Qué mejor manera que infiltrarse, aprovechándose  de la ingenuidad de algunos para  prostituir y machacar ese espíritu liberador inherente a la red?

Wikileaks, los ataques a Sony y algunos otros fenómenos que abundan por la red dan la impresión que responden más a estrategias de este estilo que a  acciones surgidas espontáneamente desde la base.  Estas que van dejando sensibles "víctimas colaterales“  por el camino, prestas en el momento oportuno a hacer la presión pública necesaria.
Difundir los datos  privados de millones de usuarios de Sony por la red e impedir que millones de niños puedan jugar a la “Play Station” no beneficia a ninguna causa y solo provocan rechazo innecesario en la opinión pública.  Sacar a la luz contenidos superfluos por  internet de banales informes y  chismorreos de los diplomáticos norteamericanos disfrazados de secretos de Estado, provoca además de carcajadas, una angustiosa sensación  de ridículo y vulnerabilidad institucional en la ciudadanía de la primera potencia mundial.  

No es la primera  vez que estrategias parecidas, aunque con otros fines,  parecen haber tenido éxito, ejemplos cercanos tenemos. Solo  tenemos que  recordar la terrible pandemia a la que nos veíamos abocados  irremediablemente hace poco con la GRIPE A, que produjo fabulosos beneficios a algunas grandes farmacéuticas de forma  sospechosamente fraudulenta a costa de los presupuestos públicos de TODOS los Estados del mundo con el oportuno aval  de la OMS , que, por cierto,  casualmente ahora pretende atemorizarnos de nuevo al anunciar a bombo y platillo que  los móviles provocan cierto tipo de cáncer, aunque no especifican si es de los  ya conocidos  o un nuevo y pandémico Cáncer R (revolucionario). Anuncio que seguro provocara menos twits en twitter y post en Faceboock.
Otro  ejemplo  de este tipo de estrategia  lo tenemos hace un poco más en la figura del misterioso y mítico  Sub-comandante Marcos,  uno de los espejismos de marketing  político más poéticos y bien elaborados de la historia, que hipnotizó e idiotizó (a mi incluido) a gran parte de la progresía europea de finales del siglo XX y que favoreció la permanencia del PRI en el poder en México unos cuantos años más  y la victoria del PAN dividiendo y debilitando las alternativas reales de poder de la  izquierda mexicana. (Recomiendo la lectura de Marcos la Genial impostura /Aguilar).

  La  guerra  está en Internet. Todo se reduce  una vez más a la eterno conflicto entre los “poderes” inmovilistas y la sociedad más igualitaria y justa que busca un mundo mejor. Entre  la libertad y el vasallaje, entre  los que defienden  el “statu quo”, sean del color que sean, y los que pretenden transformar las  cosas, incluso puede que todos estemos  en  los dos  bandos a la vez, la gama de grises es infinita. Pero ahora, todo es más complejo, todos  somos armas y todos somos medios, amplificadores y víctimas. La propaganda y  contra propaganda  cada vez son más sofisticadas, perversas y engañosas, formamos parte de ellas, las llevamos permanentemente en el bolsillo, trabajamos con ellas y nos desayunamos y cenamos con ellas y somos consciente y/o inconscientemente ellas.
 Ante esta situación poco podemos hacer, solo nos queda ser críticos,  muy reflexivos, especialmente autocríticos y algo desconfiados, poner permanentemente todo en duda e intentar seguir defendiendo en coherencia nuestras ideas y ese mundo mejor que deseamos. Debemos seguir luchando según  nuestros principios y valores aunque es muy  posible que sin darnos cuenta, a menudo juguemos sin querer ingenuamente en el bando contrario.  
¿Qué podemos hacer sino?