Un amigo me comenta que acaban de haber otro ataque informático a Sony y que fruto del mismo están circulando por la red los datos privados y confidenciales de unos cuantos miles de usuarios de sus productos. ¿Que obsesión les ha pillado con la emblemática marca nipona a estos? (nunca podemos saber quiénes son realmente “estos”). Exclamamos casi al unísono los dos. La conversación deriva inevitablemente al poder de internet, pasando por las revoluciones en el mundo árabe, wikileacks o nuestras cada vez más “folklóricas” #acampadas. Todos estos fenómenos de una forma o de otra están vinculados a la red. Todo pasa por la red.
Últimamente tengo por costumbre decir que este invento es uno de los más importantes de la historia de la humanidad, como el descubrimiento del fuego, la invención de la rueda, la imprenta, la brújula o la televisión. Todos ellos produjeron un cambio de era. Hace unos días le comentaba a mi amigo que tenía la sensación que ese invento se había escapado de las manos del “poder” y que estaba convencido que si hubieran previsto todas sus consecuencias seria uno de esos que quedan escondidas sus patentes al fondo de una cámara acorazada a perpetuidad y que más tarde o más temprano algo harían (los poderosos) para intentar recuperar el control de la situación.
Uno no ha creído y no le han gustado nunca especialmente las teorías conspiranoicas, pero también tiene por costumbre preguntarse quién sale ganando con esto o con lo otro. Uno no cree que este mundo lo dirijan unos pocos personajes oscuros alrededor de una mesa, pero si cree en la conjunción de intereses de algunos con mucho poder capaces de influir y provocar situaciones determinadas en momentos determinados. Desde que Obama, un “outsider” del Partido Demócrata, ganó contra todo pronóstico las primarias y las elecciones en buena parte gracias a un muy eficiente uso del marketing en la red, provocando que el mundo de la información, la intoxicación, el marketing y la propaganda y todo lo que representa volcara dinero, cerebros y enormes recursos de forma obsesiva en este medio, todo pasa por la red, la guerra está en la red. China tiembla y se pone nerviosa con Google y llega al punto de la histeria cuando otorgan el Novel de la Paz a un bloguero disidente (uno de entre más de mil millones de chinos), la revolución verde hace tambalear el poder de los ayatolas y Mubarak lo pierde, poco tiempo después de la visita “conciliadora” de Obama a el Cairo, gracias a la presión de jóvenes occidentalizados que tenían, al parecer, como únicas armas los móviles e internet, extendiendo desde ese epicentro casi con escuadra y cartabón las ansias de libertad por todo el mundo árabe plasmándolas en el mapa cual estrella de Mercedes Benz casi perfecta (al Norte Siria, al Este Yemen y al Oeste Libia).
Sin duda hay por el mundo muchos poderes temerosos de internet que no dudaran en generar sofisticadas estrategias para forzar tremendas limitaciones y regulaciones restrictivas al uso futuro de este medio para el común de los mortales que evite poner en peligro su status y privilegios. Pero para eso en pleno siglo XXI hay que desprestigiar esta herramienta desde la herramienta. Necesitan provocar en la opinión pública con la ayuda de incautos amplificadores bien escogidos y creíbles, el rechazo a ese “descontrol” y causar oportunas “víctimas inocentes” para generar potentes corrientes de opinión que reclamen y legitimen desde la base esas restricciones. ¿Qué mejor manera que infiltrarse, aprovechándose de la ingenuidad de algunos para prostituir y machacar ese espíritu liberador inherente a la red? Wikileaks, los ataques a Sony y algunos otros fenómenos que abundan por la red dan la impresión que responden más a estrategias de este estilo que a acciones surgidas espontáneamente desde la base. Estas que van dejando sensibles "víctimas colaterales“ por el camino, prestas en el momento oportuno a hacer la presión pública necesaria.
Difundir los datos privados de millones de usuarios de Sony por la red e impedir que millones de niños puedan jugar a la “Play Station” no beneficia a ninguna causa y solo provocan rechazo innecesario en la opinión pública. Sacar a la luz contenidos superfluos por internet de banales informes y chismorreos de los diplomáticos norteamericanos disfrazados de secretos de Estado, provoca además de carcajadas, una angustiosa sensación de ridículo y vulnerabilidad institucional en la ciudadanía de la primera potencia mundial.
No es la primera vez que estrategias parecidas, aunque con otros fines, parecen haber tenido éxito, ejemplos cercanos tenemos. Solo tenemos que recordar la terrible pandemia a la que nos veíamos abocados irremediablemente hace poco con la GRIPE A, que produjo fabulosos beneficios a algunas grandes farmacéuticas de forma sospechosamente fraudulenta a costa de los presupuestos públicos de TODOS los Estados del mundo con el oportuno aval de la OMS , que, por cierto, casualmente ahora pretende atemorizarnos de nuevo al anunciar a bombo y platillo que los móviles provocan cierto tipo de cáncer, aunque no especifican si es de los ya conocidos o un nuevo y pandémico Cáncer R (revolucionario). Anuncio que seguro provocara menos twits en twitter y post en Faceboock.
Otro ejemplo de este tipo de estrategia lo tenemos hace un poco más en la figura del misterioso y mítico Sub-comandante Marcos, uno de los espejismos de marketing político más poéticos y bien elaborados de la historia, que hipnotizó e idiotizó (a mi incluido) a gran parte de la progresía europea de finales del siglo XX y que favoreció la permanencia del PRI en el poder en México unos cuantos años más y la victoria del PAN dividiendo y debilitando las alternativas reales de poder de la izquierda mexicana. (Recomiendo la lectura de Marcos la Genial impostura /Aguilar).
La guerra está en Internet. Todo se reduce una vez más a la eterno conflicto entre los “poderes” inmovilistas y la sociedad más igualitaria y justa que busca un mundo mejor. Entre la libertad y el vasallaje, entre los que defienden el “statu quo”, sean del color que sean, y los que pretenden transformar las cosas, incluso puede que todos estemos en los dos bandos a la vez, la gama de grises es infinita. Pero ahora, todo es más complejo, todos somos armas y todos somos medios, amplificadores y víctimas. La propaganda y contra propaganda cada vez son más sofisticadas, perversas y engañosas, formamos parte de ellas, las llevamos permanentemente en el bolsillo, trabajamos con ellas y nos desayunamos y cenamos con ellas y somos consciente y/o inconscientemente ellas. Ante esta situación poco podemos hacer, solo nos queda ser críticos, muy reflexivos, especialmente autocríticos y algo desconfiados, poner permanentemente todo en duda e intentar seguir defendiendo en coherencia nuestras ideas y ese mundo mejor que deseamos. Debemos seguir luchando según nuestros principios y valores aunque es muy posible que sin darnos cuenta, a menudo juguemos sin querer ingenuamente en el bando contrario.
¿Qué podemos hacer sino?




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